Selecciona la ciudad para acceder a las galerías
Si en un mapa de mis emociones hubiera un corazón, ese latiría sin duda en Praga. Hay lugares que se visitan y otros que se quedan a vivir en el alma. Para mí, la República Checa pertenece a esta última clase. No es solo una metrópolis; es una epopeya que se escribe con el eco de sus calles adoquinadas y la majestuosidad de sus puentes, donde el tiempo se detiene para que lo aprecies.
Praga no es una parada en el camino, es una revelación. Como bien lo intuyó Franz Kafka, sus laberintos, su misticismo y su historia te envuelven hasta el punto de sentir que eres parte de su misterio. Es en este lugar donde cada paso sobre el Puente de Carlos, al atardecer, es un cuadro en movimiento, y el río Moldava parece contar las historias de reyes y soñadores.
Pero la verdadera magia de esta urbe no reside solo en sus castillos grandiosos o en la silueta medieval que se recorta contra el cielo. Reside en el alma de su gente, en la pasión que los checos guardan por su cultura, su música y, por supuesto, por una buena cerveza. Como expresó Václav Havel, aquí "la cultura es el alma de una nación", y se respira en cada palmo de tierra, en cada plaza y en cada pivnice tradicional.
Este viaje a través de la República Checa es una inmersión en su gastronomía, con sabores tradicionales como el guláš o el dulce trdelník, que son una invitación a entender su historia a través del gusto. Es un recordatorio de que la belleza no está solo en lo que se ve, sino en lo que se siente. Y Praga, con su capacidad para fusionar lo antiguo con lo moderno, es un testimonio de que uno no puede dejar de amar un lugar que, de alguna manera, uno nunca deja de llevar consigo.
Aquí te invito a que descubras conmigo la República Checa, una nación que es un viaje eterno al corazón de Europa.
Leer Historia de la República ChecaCapital: Praga.
Población: ~10.9 millones.
Idiomas: Checo (oficial). El inglés se maneja bien en Praga y zonas turísticas; fuera de ahí es muy limitado. El alemán es más útil que el inglés en zonas fronterizas con Austria y Alemania. El checo es un idioma eslavo difícil; ni siquiera con español vas a entender nada.
Superficie: 78,866 km².
Moneda: Corona checa (CZK). NO usan euro. 1 EUR ≈ 24.3 CZK / 1 USD ≈ 20.4 CZK (febrero 2026). Chequia es significativamente más barata que Europa occidental pero más cara que Bulgaria o los Balcanes. Praga es más cara que el resto del país.
Religión: Uno de los países más ateos de Europa. Solo ~10% se identifica como católico practicante; ~34% se declara sin religión.
Clima: Continental. Inviernos fríos (diciembre-febrero: -5 a 3°C, con nieve frecuente). Veranos agradables (junio-agosto: 20-30°C). Primavera y otoño templados y cambiantes.
Deporte: Hockey sobre hielo (pasión nacional) y fútbol.
Seguridad: Muy seguro. La delincuencia violenta es muy baja. Precaución estándar contra carteristas en zonas turísticas de Praga (Puente de Carlos, Plaza de la Ciudad Vieja, tranvías).
Gastronomía
Cocina contundente, de invierno, basada en carne de cerdo, albóndigas de pan (knedlíky), col y salsas espesas. Perfecta para acompañar con la mejor cerveza del mundo (los checos son los mayores consumidores per cápita del planeta).
Platos típicos:
• Vepřo-knedlo-zelo: Cerdo asado con knedlíky (albóndigas de pan) y col agria. El plato nacional. 120-180 CZK (~5-7 EUR) en una hospoda (taberna local).
• Svíčková na smetaně: Lomo de ternera con salsa de crema, arándanos y knedlíky. Elegante y delicioso. 150-200 CZK.
• Guláš: Versión checa del goulash húngaro, más espeso y oscuro, servido con knedlíky. 100-150 CZK.
• Trdelník: Masa dulce enrollada en cilindro, asada sobre carbón y cubierta de azúcar y canela. Es omnipresente en Praga aunque los checos lo consideran más turístico que tradicional. 60-100 CZK.
• Cerveza (pivo): La estrella absoluta. Una pinta de 0.5L en una hospoda cuesta 40-60 CZK (~1.60-2.50 EUR). Pilsner Urquell, Budvar, Staropramen y Kozel son las más conocidas, pero las microcervecerías locales son excelentes. En los restaurantes turísticos de Praga la cerveza puede costar el doble.
Para comer barato: Las hospody (plural de hospoda, las tabernas locales) son la clave: menú del día (denní menu/polední menu) por 120-180 CZK (~5-7 EUR) incluyendo sopa + plato principal. Buscalos en calles alejadas del centro turístico de Praga.
Régimen de Entrada: Los ciudadanos argentinos y de la mayoría de países latinoamericanos no requieren visa para estancias turísticas de hasta 90 días dentro de un período de 180 días en el espacio Schengen.
Espacio Schengen: Chequia es miembro pleno del espacio Schengen. Los días que pases acá cuentan para tu límite total de 90 días junto con cualquier otro país Schengen visitado (España, Portugal, Italia, Alemania, Austria, etc.).
ETIAS - Nuevo Requisito (previsto para fines de 2026): El sistema ETIAS requerirá una autorización electrónica para viajeros de países exentos de visa. Costo: 20 EUR, válido por 3 años. Exentos: menores de 18 y mayores de 70 años. A febrero de 2026, aún no está operativo; se espera su lanzamiento para el último trimestre de 2026. Verificá el estado actualizado en: Portal Oficial ETIAS.
Requisitos de Ingreso:
• Pasaporte válido por al menos 3 meses después de la fecha de salida prevista del espacio Schengen.
• Seguro médico de viaje con cobertura mínima de 30,000 EUR.
• Comprobante de alojamiento.
• Recursos económicos demostrables.
• Billete de salida o continuación de viaje.
Cruces Fronterizos Terrestres:
• Desde/hacia Alemania, Austria, Polonia, Eslovaquia: Todos son Schengen; no hay control fronterizo. Cruzás en tren, bus o auto sin detenerte. Las rutas más comunes son Viena-Brno (bus/tren, 1.5-2h), Múnich-Praga (bus 4-5h), Berlín-Praga (bus/tren 4-5h), Bratislava-Brno (bus 1.5h).
Para más información: Ministerio de Asuntos Exteriores de Chequia.
Chequia tiene excelente relación calidad-precio en alojamiento. Praga concentra la gran mayoría de hostels; fuera de Praga la oferta de hostels es limitada pero los hoteles baratos y pensiones (penzion) compensan.
Praga: 8-12 EUR (temporada baja, invierno excepto Navidad) / 15-25 EUR (temporada alta, verano y diciembre por mercados navideños). En febrero podés encontrar camas desde 8 EUR. En Año Nuevo y fines de semana de verano los precios se disparan.
Fuera de Praga (Brno, Český Krumlov, Olomouc): 8-15 EUR en hostels o pensiones. Český Krumlov en verano puede subir a 18-25 EUR por ser destino turístico.
Transporte urbano en Praga: Metro, tranvía y bus integrados en un solo sistema. Billete de 30 minutos: 30 CZK (~1.20 EUR). Billete de 24 horas: 120 CZK (~5 EUR). Se compran en máquinas expendedoras en estaciones (aceptan monedas y tarjeta) o por la app PID Lítačka. Hay que validar el billete al subir; controles frecuentes con multa de 1,500 CZK si no tenés billete. Info: dpp.cz.
Transporte interurbano: RegioJet (regiojet.com) y FlixBus son las opciones más baratas. RegioJet también opera trenes con muy buen servicio (café gratis a bordo). Rutas de referencia: Praga-Brno ~4-7 EUR (2.5h bus), Praga-Český Krumlov ~5-8 EUR (3h bus), Praga-Viena ~10-15 EUR (4h bus). Czech Railways (ČD) opera trenes estatales pero suelen ser más caros que RegioJet. Buscador de horarios: idos.cz.
Internacional: RegioJet y FlixBus conectan Praga con Viena, Múnich, Berlín, Bratislava, Budapest y Cracovia a precios muy competitivos. Comprá online con anticipación para los mejores precios.
Primavera (abril-junio) y otoño (septiembre-octubre) son las mejores épocas: clima agradable (15-25°C), menos turistas que en verano y precios razonables.
Verano (julio-agosto): Praga se llena de turistas y los precios suben. Las temperaturas son agradables (20-30°C) pero las atracciones principales están saturadas.
Invierno (diciembre-febrero): Frío intenso (-5 a 3°C), pero los mercados navideños de Praga (diciembre) son espectaculares y justifican el viaje. Diciembre es temporada alta por los mercados; enero-febrero son los meses más baratos del año.
Moneda - NO usan euro: A pesar de ser miembro de la UE, Chequia usa la corona checa (CZK). Algunos lugares turísticos de Praga aceptan euros pero con un tipo de cambio terrible. Usá siempre coronas. Retirá de cajeros automáticos y rechazá siempre la "conversión dinámica de moneda" (DCC) cuando el cajero te pregunte si querés pagar en tu moneda: siempre elegí pagar en CZK.
Casas de cambio: Evitá las casas de cambio del centro de Praga (especialmente en Wenceslas Square y alrededores), cobran comisiones abusivas del 10-15%. Usá cajeros automáticos de bancos reales (Česká spořitelna, ČSOB, Komerční banka) o cambiá en Exchange (sin comisión, tipo de cambio justo) en la calle Kaprova 14.
Cerveza: Si una pinta cuesta más de 70 CZK (~3 EUR), estás en una trampa turística. En las hospody locales pagás 40-60 CZK. Alejate de los restaurantes con menú en 10 idiomas alrededor de la Plaza de la Ciudad Vieja.
Agua: El agua del grifo es potable en toda Chequia.
Telefonía: Las principales operadoras prepago son Vodafone CZ, T-Mobile CZ y O2 CZ. SIMs disponibles en tiendas de las operadoras y algunos estancos. Si venís de otro país de la UE con chip europeo, el roaming funciona sin costo extra.
Explora República Checa con esta guía práctica. Selecciona una ciudad para ver sus lugares clave:
La República Checa fue, para mí, mucho más que una escala en un mapa. Llegué después de una travesía que me dejó atrás las Dolomitas y la necesidad de un respiro, para encontrarme con una ciudad que, al ponerse cara a cara con su realidad, superó con creces cualquier expectativa que hubiera imaginado de Europa.
Lo que me llevé de este país no fueron solo las memorias de sus calles doradas o de la arquitectura que entrelaza el pasado con el presente. Fue el pulso de su gente, la calidez de su cultura y la profunda conexión que un país puede tener con su historia. En la quietud de los pueblos, en el murmullo del río Moldava y en el sabor de una cerveza que se revela como un idioma, encontré la esencia de un lugar que te desafía a vivirlo de verdad. La experiencia, tan accesible como profunda, me demostró que lo inesperado es la verdadera joya de un viaje.
Praga no fue un simple destino, sino la constatación de que la verdadera belleza reside en lo que te conquista con su carácter, te transforma con su tradición y te deja un eco que resuena mucho tiempo después de que has partido. La República Checa se quedó conmigo para siempre, recordándome que, a veces, el lugar perfecto es aquel que nunca creíste que existía.
Dejando atrás la frescura de las Dolomitas italianas y la despedida de mis amigos en Tramin, mi travesía tomó un giro inesperado. Con el último bus de la noche, un recorrido que me adentró en el corazón de Europa, llegué a un lugar que superaría todas mis expectativas. Praga, la que muchos llaman la urbe dorada, me envolvió en una atmósfera que parecía no ser de este mundo. Lo que planifiqué como una escala de tres días se transformó en una inmersión de catorce. No había apuro, solo la necesidad de perderme en sus calles laberínticas, sin un destino fijo.
Esta ciudad me invitó a pasear por sus puentes y a ascender sus colinas. El Castillo de Praga, imponente y eterno, se erigía sobre el horizonte como un guardián de piedra. Recorrer sus pasillos me hizo sentir como si caminara por una novela de Kundera, esa que mezcla lo histórico con lo personal. Pero la verdadera magia no estaba solo en sus monumentos, sino en su corazón latente. El Puente de Carlos, sobre el río Moldava, se convirtió en un escenario vivo donde músicos callejeros pintaban el atardecer con melodías que resonaban en las viejas piedras. Con una cerveza en la mano, claro, porque aquí la cerveza es un himno.
Panorámica de la ciudad de Praga desde uno de los miradores de la ciudad.
Iglesia que refleja la arquitectura barroca de Praga.
La creencia de que las mejores cervezas nacen en Alemania o Bélgica se desmoronó por completo en Praga. Fue aquí donde la cerveza se reveló como algo más que una bebida; es un pilar de la cultura, un ritual cotidiano y una extensión del alma checa. El Museo de la Cerveza es más que un simple recorrido; es un templo a una tradición. Este país es el mayor consumidor de cerveza per cápita del mundo, y por apenas un par de euros, puedes disfrutar de una pinta que redefine el sabor de la malta. En Praga, cada rincón parece tener un pivnice (pub) donde la jarra nunca está vacía.
La noche transformó esta urbe en un universo de luces. Su impecable organización coexiste con un alma bohemia que se respira en cada callejuela del casco histórico. Es un espacio que acoge la libertad, donde el cannabis es legal, el absenta fluye y los checos demuestran su maestría en el arte de la vida nocturna. Aquí, nadie te juzga; cada uno es libre de ser quien es.
Decidí ir más allá de la capital y me aventuré en tren a Kutná Hora, un pueblo a unos 80 km al este. Mi objetivo: la famosa iglesia de los huesos humanos. El lugar, conocido como la Capilla de Todos los Santos dentro del Cementerio de Sedlec, es una obra macabra y fascinante. Su interior está decorado con los restos de más de 40.000 personas que perecieron durante la peste y la guerra. František Rint, un escultor checo, transformó los huesos en un arte de la muerte, creando un gigantesco candelabro y el escudo de armas de la familia Schwarzenberg. Es un espacio que invita a la reflexión sobre la historia y la particular relación de los checos con la muerte.
De regreso en Praga, mis caminatas diarias continuaron, aunque con un pequeño desafío: la multitud de turistas. Lugares como el Reloj Astronómico se llenan de hordas, pero el secreto está en madrugar. A primera hora, la ciudad te pertenece y su majestuosidad se revela en su esplendor, con sus calles vacías y plazas solitarias. Otro desafío es el costo de la comida. Si bien el alojamiento es accesible, comer en las zonas turísticas puede ser caro, por lo que mi consejo es claro: la clave está en cocinar.
Panorámica de Praga alucinante sobre la ciudad.
Calle en el centro histórico de Praga, adoquinada más arquitectura clásica de colores.
Praga también me sorprendió con las historias de personas como Raúl, un español que llegó buscando algo más que turismo. Se enamoró de la historia praguense y decidió hacer Free Walking Tours, convirtiendo su pasión en una profesión que le permite ganar más de 150 euros diarios. Raúl es un testimonio de cómo la ciudad se ha convertido en un refugio para nómadas digitales y soñadores que, como él, encuentran un nuevo hogar.
Praga, con su capacidad para fusionar lo antiguo con lo moderno, es un testimonio de que uno no puede dejar de amar un lugar que, de alguna manera, uno nunca deja de llevar consigo.