El valle de Katmandú ha estado habitado desde tiempos neolíticos, pero fue durante el período Licchavi cuando Nepal emergió como una entidad política organizada. La dinastía Licchavi, que gobernó desde aproximadamente el año 400 al 750 d.C., estableció las bases de la civilización nepalesa moderna. Durante este período, se desarrolló un sofisticado sistema de administración, se codificaron las leyes y se establecieron relaciones diplomáticas con los imperios vecinos de India y Tibet.
El período Licchavi fue fundamental para el desarrollo cultural y religioso de Nepal. El budismo y el hinduismo coexistieron pacíficamente, influyéndose mutuamente y creando una síntesis única que caracterizaría la espiritualidad nepalesa. Se construyeron magníficos templos y stupas, y se desarrolló el arte y la arquitectura nepalesa distintiva. La escritura devanagari se estandarizó y se produjeron importantes obras literarias y religiosas que sentarían las bases de la identidad cultural nepalesa.
La era Malla representa la edad de oro de la civilización nepalesa, caracterizada por un extraordinario florecimiento cultural, artístico y arquitectónico. Durante este período, el valle de Katmandú se dividió en tres reinos rivales: Katmandú, Patán y Bhaktapur, cada uno compitiendo por superar a los otros en esplendor arquitectónico y desarrollo cultural. Esta competencia saludable resultó en la construcción de algunos de los monumentos más impresionantes del sur de Asia.
Los reyes Malla fueron grandes patronos de las artes, la literatura y la arquitectura. Se construyeron palacios elaborados, templos ornamentados y plazas públicas magníficas que aún hoy definen el paisaje urbano del valle de Katmandú. Se desarrollaron formas artísticas únicas como las pinturas thangka y la metalurgia fina, y se codificaron muchas de las tradiciones religiosas y festivas que continúan celebrándose. El famoso festival de Indra Jatra y la adoración de la diosa viviente Kumari se institucionalizaron durante este período.
En 1768, el rey Prithvi Narayan Shah de Gorkha completó la unificación de Nepal, creando el estado moderno y estableciendo la dinastía Shah que gobernaría el país hasta 2008. La campaña de unificación fue notable por su estrategia militar y visión política, transformando un mosaico de pequeños reinos y principados en una nación cohesionada. Prithvi Narayan Shah describió a Nepal como un "yam entre dos rocas", refiriéndose a su posición estratégica entre India y China.
El nuevo reino unificado desarrolló una administración centralizada y expandió su territorio significativamente, llegando a controlar partes del actual norte de India y oeste de Tibet. Sin embargo, esta expansión llevó al conflicto con la British East India Company, resultando en la Guerra Anglo-Nepalesa (1814-1816). Aunque los gurkhas nepaleses demostraron un valor extraordinario, el tratado de Sugauli resultó en la cesión de significativos territorios y el establecimiento de un residente británico en Katmandú, marcando el inicio de la influencia británica en los asuntos nepaleses.
En 1846, Jung Bahadur Rana tomó el poder mediante la masacre de Kot, estableciendo un régimiento hereditario de primeros ministros que reduciría a los reyes Shah a figuras ceremoniales. El régimen Rana gobernaría Nepal durante 104 años, caracterizándose por su gobierno autocrático, conservadurismo extremo y política de aislamiento internacional. Los Rana mantuvieron a Nepal cerrado al mundo exterior, permitiendo solo relaciones limitadas con la India británica.
Durante este período, Nepal se convirtió en uno de los países más aislados del mundo, con un desarrollo económico y social estancado. Sin embargo, el régimen Rana mantuvo la independencia formal de Nepal y desarrolló una relación especial con los británicos, proporcionando regimientos de gurkhas para el ejército británico. El aislamiento también permitió la preservación de tradiciones culturales únicas, pero a costa del progreso educativo y económico. Hacia mediados del siglo XX, crecientes movimientos prodemocráticos comenzaron a desafiar el régimen autoritario.
En 1951, con apoyo indio, el rey Tribhuvan restauró el poder real y terminó el régimen Rana, iniciando un período de experimentación democrática. Sin embargo, la democracia fue frágil y alternó con períodos de gobierno real directo. En 1990, un movimiento popular restauró la democracia multipartidista, estableciendo una monarquía constitucional. Esta transición fue seguida por una década de inestabilidad política y corrupción generalizada que creó las condiciones para un conflicto más grave.
En 1996, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) inició una insurgencia armada que se convertiría en una guerra civil de diez años. El conflicto causó aproximadamente 17,000 muertes y desplazó a cientos de miles de personas. La guerra civil culminó en 2006 con el Acuerdo Integral de Paz, que llevó a los maoístas a la política convencional y preparó el camino para la abolición de la monarquía. En 2008, la Asamblea Constituyente declaró a Nepal una república federal, terminando con 240 años de monarquía.
Desde la abolición de la monarquía en 2008 y la declaración de Nepal como república federal, el país ha enfrentado desafíos significativos en su transición hacia una democracia estable. La promulgación de la nueva constitución en 2015 fue un hito importante, pero también generó tensiones con comunidades como los madhesi en el sur del país, que demandaban mayor representación y derechos.
En septiembre de 2025, Nepal vivió una crisis política sin precedentes. Las protestas juveniles, conocidas como el movimiento "Gen Z", estallaron tras la prohibición gubernamental de 26 plataformas de redes sociales, incluida Facebook, YouTube y X (anteriormente Twitter). La medida fue vista como un intento de silenciar la disidencia política y generó indignación entre los jóvenes.
La comunidad internacional expresó su preocupación por la estabilidad política en Nepal, dada su ubicación estratégica entre India y China.
A pesar de la restauración del orden, el país enfrenta desafíos persistentes, como la corrupción, la falta de infraestructura y la dependencia de las remesas. La crisis de septiembre de 2025 ha dejado una marca indeleble en la política nepalesa, subrayando la necesidad de reformas profundas para garantizar una democracia funcional y representativa.